martes, 4 de octubre de 2011

asustar, correr, volar, matar, llorar, querer saltar
eso es lo que hace la ciudad...

Hay pájaros que todavía salen a madrugar, el mismo sol y ya no hay mar.
Sin embargo mi estado está más animal, mentira, más artificial.
La ira aumenta al ser normal, al ser que va y más tarde vuelve a descansar.
Pero ¿Cómo podemos escapar?
Cuando vos dejes de olvidarte de ese vacío divino, de esos colores andinos.
Cuando abras los ojitos de esa mente y dejes de estar ausente.
Cuando insistas con tu sonrisa que la existencia no quiere a Krishna.
Cuando estalles a carcajadas recordando que venimos de la nada, cargando nada, muriendo nada.
Que no hay de qué preocuparse si en la tierra haces un puente y te dejas caer a lo inmenso,
ahí entenderás lo perfecto, la única verdad de este universo.
Volá a la eternidad, que es este segundo triste.
Aprovechá que es toda esa extensión que gracias a Él aprendiste.
Tirate a rodar por ese presente tenue, que ya desaparece,
pero es tan profundo como el amor de un vagabundo que recorre el mundo para no perderse en ese saber social inmundo.
Volá.