lunes, 2 de mayo de 2011

Con calma empezamos caminando, con los párpados pesados desde muy temprano, hasta un poco pegados.
Arriba y bajando, la llovizna liviana de un día oscuro que todavía no era día. Pero pronto, tras los pasos comenzó a amanecer y nosotros empezamos a contar las cuadras que faltaban y esquivar los huecos, hechos charco
El barrio estaba tranquilo, porque la gente todavía dormía.
La altura de la calle disminuyó al número 200, justo cuando el cielo se agitó y comenzó a escupir agua por doquier. Para entonces alcanzamos, al fin, la esquina donde todos estaban pegados contra la pared, refugiados de las salpicaduras que empapaban la única ropa que ibamos a tener.

Ellos en su mayoría vestían de negro y algunos tenían la suerte de llevar capucha.
A pesar de las facciones dormidas se percibía una linda alegría.
Por suerte no nos hicieron generar mucha más ansiedad ahí parados, esperando. Así que cruzamos la calle con los hombros apretando el cuello y atravesando la estación de servicio de la esquina de enfrente, llegamos al micro que esperaba estacionado.

Quién organizó este contento nos llamaba para subir al micro, mostrándonos su alegría al encontrarnos y de vez en cuando su perfil rapado y su desgaste después de dos años.
Mientras esperábamos que lleguen los que se habían quedado en la cama acurrucados, nos debatíamos entre unas galletas de chocolate, un café cortado o un fernet helado. Pero al faltar el hielo la cerveza terminó ganando.

Un largo rato, más largo de lo previsto, tardó en arrancar el micro. Pero al primer movimiento nos llenó a todos de entusiasmo de llegar en 5 minutos a la primer parada obligada.
Nos abastecimos de hielo a toneladas y ahí sí estuvimos preparados para iniciar camino a la ciudad de Santa Fe.

Algunos dormían desde el inicial segundo en que ocupamos los asientos, otros hablaban y fumaban, otros coreaban canciones de cancha, otros comían y otros amaban. Pero todos, absolutamente todos, llevábamos la magia que genera la emoción de encontrarnos cantando junto a esas almas.
Sin darnos cuenta creamos un lindo torbellino de energía que nos permitió reir, como reía el día y el que esperaba al final de la fila para entrar al bañito chiquito que había. Hasta "armar" otro fernet y después otro fernet más, una cerveza quizás y rolar como dos o tres veces más; antes de una siesta fugaz.

En algún momento, después de esas paradas de horas y "colgadas" de historias, teníamos que llegar!
Pasamos más de 8 horas creando el ambiente en esa caja transpirada, de visión nublada por el humo de la gente, entre los gritones y los obedientes.
Entonces el sol salió a dar lo que él siente, el micro al fin estacionó y se emocionó la gente.

Nos esparcimos por el pueblo, buscando seguramente un refugio donde disfrutar el tiempo y que no pase sufriéndolo.
En la calle deambulaban grandes cantidades de chicos impacientes, con una sonrisa refulgente.
Si es que había un pequeño espacio verde, lo adornaban remeras y banderas que se mecían con el viento o rebotaban contra el pasto seco.
y con ese frío que volaba entre los flequillos negros, bailaba constantemente la música de Callejeros. Acompañada por un grupo de pibes gritones, emocionantes, con tambores y redoblantes.

Muchas cosas pasaron antes que la tarde se hiciera grande. Y con ella nuestra locura gigante, vistiéndose también de estrellas; para dejar aquel día e ingresar al microestadio de Unión, donde se daría La Unión, La Función.

En el escenario dos ojos y en el medio un diamante. Una imagen de lisergia, verde, roja y de unos naranjas vibrantes.
Arriba y abajo estandartes. Barrios, provincias y países para cantarles.

Exactamente ese momento justo antes que la banda avance, es donde más nos gusta.
Es lo que en millones de años más los seres del futuro nombrarán como nuestro ritual en un gran conjunto, dedicado a la felicidad y a la libertad del mundo.
Las ganas de cantar y verlos tocar producen una energía que generamos desde el piso hasta la cabeza. Y cuando ya no damos más todo queda a oscuras y expulsamos aún más electricidad, entonces ellos se presentan con toda su hermosura de locuras.

En esas dos horas aproximadas que fluye el recital, fluyen con él todas las sensaciones que la banda nos regala y nosotros absorvemos para cantar y disfrutar; mientras el mundo afuera estalla. Es lo que sale de SU VOZ que motiva nuestro andar, que expresa lo que nos pasa adentro y lo que pasa allá atrás.
Son los pocos que elegimos a que representen nuestro amar, nuestros miedos, nuestros sueños, nuestro atar y nuestra PAZ.

Gracias "Callejeros" o "Casi Justicia Social", da lo mismo el nombre, porque la energía y el motivo no lo van a poder cambiar. Vamos a seguir bailando al compás de su Cristal; adentro, afuera, en el cielo, en la tierra o en el mar, porque pase lo que pase esto va Más Allá.